viernes, 11 de junio de 2010

Mis Memorias y los Mundiales: Francia 1998


Yo estaba en la Universidad, en la UTEC para ser exactos, tenía 21 años, iba muy avanzada en mi carrera de ingeniería y ya había pasado las materias “colador” con buenísimas notas, tenía beca y me costaba mucho porque yo también trabajaba para mi manutención, sacar mis fotocopias y comprar libros, mi pasaje, etc, tuve que trabajar porque la mesada del abuelo fue suspendida por razones económicas y cuando yo le pedía plata a mi mamá para el bus tenía que aguantar un sinfín de regaños para que me terminara dando un par de colones, así que mejor decidí comenzar a trabajar desde octubre del 97.


Mis abuelos estaban deprimidos por un problema grave que había ocurrido en la familia. durante el año anterior. Y para más joder, mi querida mamá Manchita, nuestra nana, estaba enferma de cáncer y a veces yo la compañaba a las radioterapias al hospital, todos estábamos deprimidos.


Mi mamá aún trabajaba y se había trasladado de lugar de trabajo súper cerca de dónde nosotras y el control de ella estaba constante, deprimente y hasta cierto punto obsesivo, no dejaba que mi hermana fuera a hacer sus prácticas de anatomía durante la noche porque sino mi mamá se iba a acompañarla causándole el ridículo a mi pobre sister, porque todos los compañeros se burlaban de que ella tuviera 20 años y la mamá le anduviera cuidando las espaldas en la pequeñísima morgue de la universidad, en ese tiempo mi mamá le pagaba la U a mi hermana y le exigía demasiado. Mi mamá decidió trasladarnos a vivir a un lugar horrible y peligroso de Santa Tecla como castigo y austeridad por el hecho de pagarle la cuota de la universidad a mi hermana y darle 1.20 de colón (15 ctvs. de dólar diario) para el pasaje, yo no podía decirle que pagaría otro lugar dónde vivir porque mi salario de la papelería no me alcanzaba a penas para los libros y mi comida.


Esos fueron los años que mi mamá tuvo poder económico y por tanto mandaba más que cualquier otro miembro de la familia. Pero, en la papelería aprendí a hacer muchas más cosas y ya me pagaban más, entonces comencé a pagarle la universidad a mi hermana con la esperanza de que mi mamá decidiera que nos mudáramos a un lugar seguro, pero ella no lo hizo, estaba necia que allí teníamos que estar como castigo, pese a que en dos ocasiones se metieron los ladrones en nuestra ausencia y se llevaron hasta nuestra ropa vieja. Yo no me iba de allí porque no podía dejar a mi hermana sola en esa esclavitud y la plata no me alcanzaba para rentar un cuarto, comprar una cocina, comprar una cama, comprar lo necesario, pagarle la u la Miriam, etc. era imposible! Si salíamos del dominio de mi mamá saldríamos con las manos vacías, ni las cobijas nos hubiéramos podido llevar.


Para Miriam fue uno de sus peores años. Mi pobre hermanita linda no tenía novio, ni trabajo, estudiaba la larga y tortuosa carrera de Medicina, presionada por todos lados y dependiendo del pisto que mi mamá le daba. Pobre Miriam, siempre le ha tocado sufrir al extremo. Por eso ahora que está enferma de IRC yo reclamo al cielo con toda la fuerza que me dan los pulmones que porqué la vida fue tan injusta con ella, al menos la vida a mí me dio el sentimiento de “me vale verga todo” pero mi hermana no es así, ella es un pan de Dios, buena y obediente y en esa época a ella solo le tocaba agachar la cabeza y llorar, nunca tuvo valor de revelarse en contra de los malos tratos.


En lo laboral, mi hora de salida del trabajo era las 15:30 del trabajo y me iba para la U, todo el mes del mundial no fui a entrenar al dojo, me quedaba con mis compañeros viendo los partidos repetidos en la planta baja del edificio de Ingeniería jaja, en ese momento yo ya tenía tiempos de tener novio, era mi primer novio y yo había durado ya varios años con él, su nombre es Elmer, un muchacho muy inteligente para las materias de números, estudiaba en otra universidad y me iba a buscar a diario para invitarme a algún cafecito o típicos en las afueras de la universidad. Esos fueron los mejores tiempos de nuestro noviazgo, él me amaba y yo lo amaba, éramos la pareja perfecta, nunca peleábamos, él trabajaba para una aerolínea con sus escasos 21 años y salía de su trabajo a las 13 horas porque entraba en la madrugada. Para mí Elmer fue una bendición porque en él refugiaba todos los problemas y el estrés que se generaba en mi casa. Él era mi salida del infierno hacia la felicidad.


Con Elmer éramos un dúo dinámico, nos gustaban las mismas cosas, y nos parecíamos mucho pero a la vez éramos distintos, él era callado, reservado e introvertido y yo todo lo contrario, él era cristiano y yo una irreverente, era limpio de corazón, fiel, dulce y a la vez fuerte, analítico, brillante e inteligente, detallista y no terminaría de decir todo lo excepcional que es este hombre. Lo más importante que aceptaba tal cual yo era, sin pedirme cambios ni nada, él me vio cuando yo era invisible. Él tenía una cualidad, era humilde.


Mi mamá me vivía regañando por él pero a mí no me importaban sus regaños, yo lo único que quería era irme a la playa con mi Elmer, ir a subirnos a los palos de mangle y hacer clavados desde las ramas para zambullirnos en las aguas oscuras de la bocana de Apancoyo.


Mis amigas de la U eran Shelby, Mónica, Zoila, Roxana, Yeka y Caro pero la inseparable era la Crimilda, de las 7, cuatro de ellas siguen siendo mis grandes amigas. También yo era instructora de matemática IV, mi instructoría era los días sábado durante la mañana, no recibía paga porque era mi servicio social, así es que me sentía llena de cosas que hacer: la U, las tareas, preparar clase, trabajar en la papelería, entrenar en el dojo, ver al novio y todavía hacía tiempo para irme el domingo a la playa o a la montaña. Todo por no estar en la casa.


El día de la final Francia – Brasil, estábamos en Apancoyo viendo el partido en la casa de la mamá de Elmer, habíamos andado vagando en la playa bien temprano y luego hicimos carne asada para estar comiendo durante el partido. Pero la carniada no fue con motivo de la final del mundial, sino porque Elmer había cumplido 22 años el día anterior.


Qué tiempos esos!!! Yo iba por Brasil y Elmer iba por Francia.


A finales de este año todo se complicó, me puse muy mal de salud, vez recaí con el padecimiento de Leucemia del cual ya me había tratado con quimioterapias durante el invierno del 96. Volví a emprender mi lucha por la vida, volví a empuñar mi espada de coraje y volví a dar un paso adelante.


Y como dice mi abuela Ma Ozzy "Mala hieba ni el burro se la harta. Y si se la harta, le hace daño. O si no ... se muere el burro!" jaja