viernes, 6 de mayo de 2011

Rafael Menjívar Ochoa, Feliz Viaje al Valhalla.


APRIL is the cruellest month, breeding

Lilacs out of the dead land, mixing

Memory and desire, stirring

Dull roots with spring rain.

Winter kept us warm, covering

Earth in forgetful snow, feeding

A little life with dried tubers.

T.S. Eliot (1888–1965). The Waste Land. 1922.

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El miércoles 27 de abril, durante la madrugada, partió de este mundo mi gran amigo y mentor Rafael Menjívar Ochoa. Él era mi amigo, mi maestro y al igual que a muchos, me ha dolido entrañablemente su partida.

Yo no había tenido valor de escribir acerca de esto, pero hoy decidí hacerlo.

Recuerdo el día que conocí a Rafa, allá por mayo del 2008. Llegué y desde el primer momento nos caímos bien, después de una breve presentación me dijo “lee el texto que más te guste”, refiriéndose a mi cuaderno de apuntes, luego me dijo “lee el que menos te guste” y al final me dijo “me gusta el que menos te gusta, funciona si lo limpias”. Al enterarse de mi amor al paracaidismo me dijo “debes leer el Altazor” y así fue, lo leí y me gustó.

Recuerdo una tarde en la que yo no comprendía muy bien algo y me dijo “a ver, pinche rumana, tírame un golpe” y se paró en postura de combate y yo como buena practicante de artes marciales no le negué el golpe, el marcador final fue que Rafa ganó. Él pasó quejándose de que mis golpes picaban porque tengo las manos un tanto huesudas.

Esa tarde, aprendí poesía a madrazos, como él decía, hay golpes que funcionan y golpes que no, así es la poesía, versos que funcionan y versos que no. Y cuando Rafa contaba la anécdota de los golpes decía “a cada persona se le enseña diferente, a Loida con música y a la rumana a madrazos”. Hay golpes en la vida, yo no sé.

Rafael confío en mí y pasé a ser parte de sus amigos. Y si Rafa confiaba en mí, los compañeros de La Casa también podían confiar.

Los domingos nos reuníamos en La Casa del Escritor, y teníamos hermosas tertulias de temas tan variados, por ejemplo, comenzábamos hablando de Leónidas y sus 300 hoplitas y terminábamos hablando de Fermat. No había tema que Rafael no dominara. Él siempre sabía y sabía mucho, chingao!. Y yo me enorgullecía de conocerle.

Cuando yo me sentía triste por todas las cosas que me estaban pasando en esa época, me iba directo a la casa de Rafa allá en Los Planes y platicaba largas horas con él y con su mujer Krisma.

Yo llegaba a su casa sin avisar y abría su refri sin preguntar, me prestaba su Vaio que más de una vez él mencionó que es verde, me tomaba sus tecitos traídos de Bolivia, me fumaba sus cigarrillos, me iba súper tarde de su casa y a veces me dormía allí.

Cuando se hacían celebraciones en día sábado, yo siempre llegaba tarde porque tenía mis saltos de paracaidismo, cuando yo me aparecía ya casi todos se habían ido. Esas cosas si me dan tristeza, sin tan sólo hubiera llegado más temprano yo habría compartido más tiempo con él, con Krisma y con mis hermanos de La Casa de todos, nuestra casa.

Recuerdo las veces que en mi casa nos sentábamos en el suelo a platicar de cualquier cosa, Valeria dormida en mi sofá y Krisma, Rafa y yo fumábamos mientras algunas cartas anunciaban las tristezas que se aproximaban.

Rafael compartía con nosotros su música, sus ideas, su conocimiento y todo lo que necesitábamos, él siempre dejó nuestras ideas tal cual venían de la mente con la diferencia que podían aterrizar más limpias en el papel. Me enseñó a saber cómo reconocer los tópicos y a no utilizarlos, pero muchas veces, se me va la mano.

Sus amigos son mis amigos, su mujer es mi amiga, sus hijos son mis amigos y hasta me ennovié con su hijo, Eduardo.

Cómo olvidar los días de mole poblano, la tinga, el pan dulce, el fantasma de Boris, los domingos en La Casa y la casa de Rafa.

Sus últimas horas fueron tranquilas y hasta bromeó con sus hijos y con Krisma. A mí me invitó a ir con él al Valhalla y por supuesto le dije que sí. Se despidió de mí, puso su mano en mi cabeza y yo le besé la frente.

A las 04:20 decidió partir. Eunice, su hija, le cerró sus ojos. Rafa se fue tranquilo, se fue en paz y sin dolor.

Lo acompañamos en la Funeraria Las Flores, la capilla donde estuvo durante tres días tiene el mismo nombre que las desalentadas amapolas de la elegía de Hernández.

Yo nunca había visto Aladin, pero la última madrugada junto a Rafa, todos sus familiares y amigos la vimos. Rafa allí estaba con nosotros, sin embargo ya ninguno escuchó su voz. Me duele, me duele y me seguirá doliendo, abril tras abril.

Fue un hombre muy integral en todos los sentidos. Era un intelectual como pocos. Único en su especie, genial como nadie más puede serlo, único como sólo Rafael es.

En el cementerio estuvimos los cercanos y hay otros también muy cercanos que no pudieron estar presentes, pero Rafa sabe que ellos hubieran querido estar allí.


Cuando su esposa Krisma dijo unas palabras dedicadas a su gran amor, sentí que comencé a quebrarme. Quise leer Elegía para él y no tuve la fortaleza de hacerlo.


La voz de su hija fue brisa entristecida en aquella mañana vaporosa. Eunice cantó Belle Qui Tien Ma Vie y yo ya no pude evitar las lágrimas.


Sus hijos y sus discípulos llevamos a hombros a Rafa hasta el crematorio.

Lo despedimos allí. Sólo su hijo Eduardo y su esposa se quedaron hasta donde les fue permitido.


Eduardo estaba destrozado. Sus ojos verdes iguales a los de Rafa querían acompañarlo en el camino al Valhalla. Eduardo dijo que un hombre no es hombre, hasta que muere su padre.


Y se fue Rafael, se fue como se van los guerreros nórdicos, entre el fuego de los héroes. Se nos fue ese gran hombre al que todos quisimos mucho. Honor a quien honor merece.


Cómo olvidar su humor, el timbre de su voz, sus consejos, su apoyo, su sinceridad, su valentía, su bondad. Era solidario, sabía escuchar, sabía enseñar. Sabía ser nuestro Rafael.

Rafa Siempre estará en nuestros corazones, en las mentes de los que le conocimos y llegamos a quererle, siempre vivirá en la existencia de sus hijos Eduardo, Eunice, Ranllus y Valeria. Vivirá en su mujer, Krisma. Vivirá en sus hermanos, vivirá en sus amigos, en sus alumnos, en sus libros, en todo aquel que lea sus letras y en mí.

Cuando lo quiera ver de nuevo, iré por la memoria y sé que nunca lo encontraré cabizbajo. Sino todo lo contrario, estará con su cigarro, su coca cola light y estará bien.

Y pasarán los años y no habrá resignación. Pasarán los años y no volveremos a ser los mismos que fuimos, Rafael dejó huella en nuestras vidas y también dejó sus huellas en la historia.


Somos La Casa del Escritor, somos La Casa de Rafael.


Cómo te agradezco Rafa, cómo te extraño. Tus discípulos te extrañamos.

Honro tu memoria, Honro tu Opus, honro tu legado, te honro amigo Rafael.

Y cuando yo muera, te encontraré en el Valhalla. Me dirás “pinche rumana” y yo te abrazaré.

Cumpleaños de Rafa. 2009


Mi hermana, Rafa, una amiga, Krisma y yo en 2009.

Ese día mi hermana y Rafa acababan de salir del hospital.

La gente de La Casa.


:(

3 comentarios:

Ricardo Hernández Pereira dijo...

Una persona nada egoísta con su conocimiento, como pocos, y con una personalidad y mente maravillosa. Por eso Ingrid, hay que hacer méritos por todo lo que nos dejó y enseñó, muy a su modo, para que ese proyecto que comenzó hace casi diez años, sea algo perenne y cambie la historia de cómo hacer literatura en El Salvador.
Un abrazo, te quiero mucho.

la sombra de los cactus dijo...

Hola, muchísimas gracias por confiarnos su historia. Lo agradezco porque Rafael es alguien que cambió esta vida y me transmitió las fuerzas para ver más allá de lo que la luz es.
Un abrazo sincero. Los extraño más que nunca.

Atentamente,

Vilma Osorio
vilmahosorio@hotmail.com

oscarperdomoleon dijo...

Conmovedor relato sobre tu relación de amiga y discípula con Rafael.

Cuando mi papá murió, no murió del todo; algo de él quedó en mí. Y lo mismo con Rafael. Algo de él ha quedado en vos y en muchos que lo conocieron.

Saludos.