martes, 17 de agosto de 2010

Los muertos y las disculpas que nunca se les ofrecieron.

Ahora será el entierro de un compañero de trabajo. Lamentablemente fue víctima de la delincuencia. No entraré en detalle acerca de su muerte porque fue un crimen demasiado macabro. La trágica noticia la supimos ayer. Me ha consternado su muerte y me ha dado tristeza todo lo que debe de haber sufrido antes de exhalar por última vez.


Él era una persona tranquila, humilde y muy callado, pero también era muy sufrido, él siempre fue víctima de las habladurías y de las bromas pesadas de sus compañeros de departamento, fue víctima de gente que lo molestaba y lo ofendía tan sólo porque era tímido y de pocas palabras. Algunos lo envidiaban por su inteligencia y por su habilidad de administrar su salario, otros le fingían amistad, le inventaban chismes, le alejaban a las compañeras de trabajo y a las pocas amigas.


Yo nunca fui amiga de él, nunca platiqué con él y la única vez que le dirigí la palabra fue hace 7 años y fue para reclamarle porque yo creí un chisme que sus mismos compañeros de departamento se inventaron con el propósito de agarrarlo de pato y de paso meterlo en un gran problema conmigo.


Hace 7 años, de todos era conocido mi mal carácter. Por aquellos días, cuando alguien inventaba algo donde mi nombre saliera a relucir, yo iba y sin tanta paja le reventaba la trompa. Entonces, a los colegas de él se les ocurrió inventar algo para que yo, siendo tan explosiva, le hiciera algún zafarrancho al pobre muchacho. Los amigotes se salieron con la de ellos.


Todo comenzó cuando el muchacho decía que estaba enamorado de mí pero que no tenía valor de hablarme, entonces a los compañeros se les ocurrió jugar con la situación, comenzaron a hacer chismes y a contarme de mala fe que el muchacho este decía que yo era su amor imposible. Como ellos vieron que yo no le di importancia al chisme, decidieron hacer que la broma fuera aún más pesada y los colegas cabrones malvados comenzaron a escribirme correos electrónicos suplantando la identidad del muchacho tímido. Luego, como yo ignoré todos los correos, los cheros le agregaron más salsa, pasaron de los mails a las cartas físicas.


Se hacían pasar por él y me escribían cartitas de amor diciéndome cosas que no me gustaban y yo en ese momento creía que sí era el muchacho el autor de las cartas y en ningún momento se me pasó por la mente que todo era una broma pesada y que en realidad eran los malvados de sus compañeros los que estaban jodiendo.


Me molestaba que los compañeros de él me dijeran “dice fulano que te mandó una carta y que a vos te gustó”, me lo decían en tono de burla, llegó el punto en que yo ya estaba encabronada por los contenidos de las cartas y decidí reclamarle al fulano y si era posible cuajármelo a golpes.


Entonces, una tarde yo iba hecha una furia a buscarlo a su oficina para insultarlo en público, pero, por casualidad me lo encontré en la fuente de los edificios de la oficina, eran las 5 de la tarde de un día normal de trabajo, le reclamé muy fuerte y le dije que si me volvía a mandar una sola puta carta le iba a dar una gran golpiza enfrente de toda la animalada de la oficina. Él solo se me quedó viendo y puso una gran cara de tristeza y me dijo “yo no he escrito nada”. Al verle la cara, supe que estaba diciendo la verdad, le creí que no era él. Entonces le dije “ah! olvidalo”. Esas fueron las únicas palabras que dijimos y nunca más en la vida volví a cruzar palabras con él.


Ah! pero eso sí, un buen día me enteré de la verdad, que todo había sido fraguado por sus compañeros y allí sí que me las desquité de esos bromistas.


Lo chistoso fue, que sus compañeros de oficina siguieron haciendo exactamente la misma broma, enviándole papelitos y recados ficticios a otras dos señoritas de la oficina, logrando así meter en más líos al pobre muchacho tímido.


Ayer, al saber la noticia del asesinato del muchacho, me dio tristeza y pensé que si no hubiera sido por la gente mala yo nunca le habría reclamado con tanta severidad. Ahora me pesa en la conciencia haberlo ofendido por gusto y más aún nunca haberme disculpado con él.


La gente nunca lo dejaba en paz, incluso, ahora que ha muerto, algunas personas han continuado hablando mal de él, haciéndole calumnias y diciendo cosas feas. ¿Porqué los humanos somos así? ¿Porqué no entendemos a la gente que es diferente?¿Por qué todos tratamos de destruir a los demás en lugar de ver lo bueno que hay en ellos? ¿porqué calumniamos y difamamos? ¿Por qué juzgamos sin conocer a las personas?


Pero también me pregunto otras cosas ¿Porqué hay seres que sufren tanto en esta vida? ¿porqué dios no lo protegió siendo él tan fiel a su fe? ¿porqué tuvo una vida triste hasta el momento de su muerte? ¿por qué?


No iré a su entierro, pero al menos lo visité en la funeraria. Él ya no puede escuchar, ni tampoco disculpar. Ya se fue.


Me arrepiento por no haber sido cortes con él. Por no haberle pedido disculpas por reclamarle injustamente. Por haber creído todo el cuento que otros inventaron. Ojalá que le vaya bien en su viaje y que perdone todas las veces que yo rechacé tajantemente todo lo que viniera de él, hasta su amistad. ¿de qué sirven los arrepentimientos?


Ojalá que ya no hablen mal de él, si no lo dejaron vivir en paz, al menos que lo dejen descansar en paz.





=/

2 comentarios:

Ángel dijo...

Estamos perdiendo la empatia comadre, si un dia vez a alguien que necesita de ti, no lo pienses y ayudale, a veces una simple palabra o un saludo hace la diferencia para esa persona.

Saludos.

Rumana, the LadyTiger dijo...

Si, estamos perdiendo todo. Ya no somos como antes.

Que tristeza.