miércoles, 22 de julio de 2009

Mi queja hacia la "hueva" de algunos médicos del Rosales.

Hoy es día de quejas. Mi hermana es paciente de Insuficiencia Renal Crónica desde hace 3 años y desde que ella se quedó sin trabajo tuvimos que recurrir al Hospital Nacional Rosales para su atención de diálisis. Ella dejó de estudiar por culpa de su enfermedad, era estudiante de Doctorado en Medicina y ya estaba en el Internado cuando se quedó sin su trabajito de medio tiempo y se vió sin el beneficio del ISSS. Entonces, comenzamos a ir a dicho nosocomio cuando a ella se le subía el potasio y todo eso, allí pude observar el valeverguismo de los estudiantes de medicina y de los residentes, internos y demás engabachados que de cierta manera muestran un gran orgullo y hacen su trabajo con una puta paciencia como que si tuvieramos todo el tiempo de la expansión del universo para esperar a que atiendan a algún enfermo.
Allí se ven casos de casos en la emergencia del hospital y ves a las "doctoras" coqueteandole a sus compañeros, maquillándose, cagandose de la risa de estupideces, hablando mierdas de moda mientras los enfermos lloran de dolor, las enfermeras pedantes como siempre diciendo "esperese", "cállese", "quítese", "apártese", etc. o simplemente ignorando a los enfermos. A los "doctores" se les puede observan viendo a ver que logran con las mujeres atractivas que andan acompañando a los pacientes. Sólo pude ver a pocos médicos que sí hacen su trabajo con responsabilidad, rapidez y humildad, pero, son contados con los dedos de la mano.
Simplemente les vale verga independientemente de la gravedad del enfermo, en la pasada administración gubernamental eran más negligentes, huevones y arrogantes, ahora se han calmado un poco y están más amables, como saben que ahora sí se puede denunciar gracias a los cambios en el sistema de salud que está llevando a cabo el nuevo Gobierno y a esos "creídos" no les queda más que ponerse las pilas y trabajar.
Otra cosa que me encabrona es que hay ocasiones en las que llegan a la emergencia delincuentes lesionados en desmadres en los que andan y a los médicos no les queda más que atenderlos, puta! en esos cabrones gastan medicinas, tiempo, insumos, etc. cuando que esos dólares podrían servir para personas que realmente lo necesitan, pero ni modo les toca darle atención a esos malparidos.

Aquí les dejo un texto que escribí una de las tantas noches patéticas que pase pendiente de mi hermana en ese hospital.

Hospital rosales
La luz nocturna se estrella sobre los hombros cansados de una estatua.
tras de sí,
otras dos estatuas ya sin brazos
son testigos silenciosos de la enfermedad y de la muerte.
el patio espera una palabra alentadora,
pero nada más se escucha el viento que se rompe entre los árboles.
A la derecha se desgarran de dolor las víctimas de los cangrejos,
mientras tres gabachas femeninas enamoran a un estetoscopio
y a la izquierda,
hace veinte minutos se abrió una puerta,
y el espíritu de una mujer
se deslizó bajo la cortina,
sus nefronas se rindieron,
perdieron su guerra ante el señor potasio que le mordió las venas.
Un niño helado y silencioso recorre todo el pasillo
sin más ruido que los rodos oxidados de su camilla.
Su cuerpo inmóvil es llevado hacia el cuarto frío,
a ese lugar al que nadie quiere ir,
en un cuerpo gélido en el que nadie quiere estar.
Aquí se respira la muerte
y también la indiferencia de algunos arrogantes que visten de blanco,
esos que se creen dios y al igual que él
no hacen nada para aliviar el dolor de los enfermos,
tal vez el orgullo les mató la convicción
tal vez el hastío les mató lo humano,
tal vez la costumbre les engendró la indiferencia.
En este hospital ya casi pasa la noche,
una mujer con cabello de plata murió del corazón,
un niño se fue por un descuido,
el anciano arrollado también se fue,
un delincuente sobrevivió ocho plomazos,
un asesino salió del coma,
un pandillero fue suturado
una joven violada se suicidó.
Las víctimas se fueron en el tren de esta noche,
y los agresores,
se quedan aquí
a beberse el alcohol.